Montefollonico
Abril 2025
A veces los mejores lugares no están en los planes. Estando en Renello me sugirieron desviarme unos kilómetros, apenas 12, hacia un pequeño borgo del que nunca había oído hablar: Montefollonico.
Llegar es sencillo; entender por qué vale la pena, no tanto. Está sobre una colina, en la provincia de Siena, muy cerca de Pienza y Montepulciano, pero lejos del ritmo de ambos. Con apenas 480 habitantes, parece suspendido en el tiempo.
Es un pueblo de piedra, de origen medieval, perfectamente conservado. Como muchos en Italia, su historia pasa por etruscos y romanos, pero encuentra su identidad en los monjes cistercienses, que aquí desarrollaron la “follatura” de la lana. De esa actividad, dicen, nace su nombre.
Todavía se conservan las murallas, algunas torres y tres puertas de acceso: Porta Follonica, Porta Triano y Porta del Pianello, que invitan a entrar sin apuro al centro histórico.
La calle principal conduce a una cisterna pública del siglo XVII y a varios edificios de valor histórico: el Palacio Pretorio, el campanario y la iglesia románica de San Leonardo, sobria y silenciosa.
Entre sus tradiciones, cada 8 de diciembre el pueblo abre sus bodegas para recibir a los visitantes con degustaciones de Vin Santo, en una celebración simple y auténtica.
Mi visita duró unas dos horas. Era temprano para detenerme a comer o tomar algo, así que simplemente caminé. Calles estrechas, casi vacías, una calma difícil de encontrar en otros lugares de la Toscana.
Montefollonico no forma parte de los circuitos turísticos más conocidos. Tal vez por eso conserva ese aire pueblerino y amable, como si aún no hubiera decidido mostrarse del todo.
Y quizás ahí esté su encanto.
