Montefollonico
Abril 2025
A veces los mejores lugares no están en los planes. Estando en Renello me sugirieron desviarme unos kilómetros, apenas 12, hacia un pequeño borgo del que nunca había oído hablar: Montefollonico.

Llegar es sencillo; entendemos que vale la pena visitarlo cuando llegamos. Está sobre una colina, en la provincia de Siena, muy cerca de Pienza y Montepulciano, pero lejos del ritmo de ambos. Con apenas 480 habitantes, parece suspendido en el tiempo. Tiene muy buen lugar para estacionar fuera de las murallas, cosa importante cuando andamos en auto en Italia.
Es un pueblo de piedra, de origen medieval, perfectamente conservado. Como muchos en Italia, su historia pasa por etruscos y romanos, pero encuentra su identidad en los monjes cistercienses, que aquí desarrollaron la “follatura” de la lana. De esa actividad, dicen, nace su nombre.



Todavía se conservan las murallas, algunas torres y tres puertas de acceso: Porta Follonica, Porta Triano y Porta del Pianello, que invitan a entrar sin apuro al centro histórico.


La calle principal conduce a una vieja cisterna pública del siglo XVII, que fue testigo silencioso de la vida cotidiana. Donde antes se recogía agua hoy nos cuenta su historia. También varios edificios de valor histórico: el Palacio Pretorio, el campanario y la iglesia románica, sobria y silenciosa de San Leonardo, es el edificio mas antiguo data del 1266. En el altar hay una hermosa pintura sobre madera de la Virgen y el Niño Jesús





Entre sus tradiciones, cada 8 de diciembre el pueblo abre sus bodegas para recibir a los visitantes con degustaciones de Vin Santo, en una celebración simple y auténtica.

Mi visita duró unas dos horas. Era temprano para detenerme a comer o tomar algo, a pesar que me habían dicho que hay muy buenos cafés y restaurantes, así que simplemente caminé. Calles estrechas, casi vacías, una calma difícil de encontrar en otros lugares de la Toscana.


Montefollonico no forma parte de los circuitos turísticos más conocidos. Tal vez por eso conserva ese aire pueblerino y amable, como si aún no hubiera decidido mostrarse del todo.
Y quizás ahí esté su encanto.
