GUBBIO – Umbria

De Modena fuimos a Gubbio,  a 276 km.  Antes paramos a 160 km en Rimini,  para almorzar y luego seguimos viaje.

A Gubbio se la conoce como la “Citta di Pietra” debido al material con que esta construida, pero también “Citta dei Matti”. Esto se debe a que los ciudadanos de Gubbio son propensos a la ironía y a las bromas.

El hotel estaba en el centro histórico, en la Piazza Grande, llegar hasta el para dejar el equipaje no les puedo decir lo que fue. Había mercado de manera que tuve que llamar al hotel para que me explicaran como llegar. Calles medievales más angostas imposibles. La aventura siguió porque luego tuve que llevarlo a un estacionamiento.

El hotel Relais Ducale, está ubicado en un edificio histórico, en el mejor lugar de la Piazza Grande. Tiene una historia muy curiosa. Al nuevo propietario  el conde Ranghiasci Brancaleoni le gustaba la arquitectura neoclásica, de manera que le cambió la fachada medieval (como el resto de la plaza) por una totalmente distinta, obviamente más moderna.

Conservó el interior, con varios patios al estilo morisco, un jardín colgante donde teníamos el cuarto. Algo curioso en el hotel es un túnel secreto que se puede recorrer en parte hasta donde fue tapiado. Seguramente era para casos donde debían escapar y esconderse.

Gubbio es una ciudad medieval muy hermosa, con una historia muy larga e interesante, de familias poderosas que vivían en lucha entre sí y con la iglesia.

Tal el caso de Federico de Montefeltro, señor de Gubbio, al que el Papa había excomulgado.  En venganza construyó su Palazo Ducale en la plaza a la que daba el hermoso y gran Duomo.

Visitamos cuanta iglesia había a nuestro paso, todas con algo hermoso para maravillarnos. Bueno además de bares, cafés y restaurantes!

En esta región se come de maravillas. Nos lamentamos no poder comer tanto, ya que la oferta es innumerable y de difícil decisión. Pero nos hicimos tiempo para probar entre los más caros a los más  modestos. Como el de la primera noche “La taverna del lupo” lugar histórico y comida estupenda, tomamos un Rosso di Montefalco y un risotto con reducción de vino tinto, cebollas rojas y parmigiano. De postre “cantuccini con vin santo”. Por suerte el hotel estaba cerca,  pero escaleras arriba.

El desayuno muy bueno y para variar mucho más de lo que pueda comer. Tenían un hervidor para hacer huevos pasados por agua, eso me encantó.  Tomamos coraje y emprendimos el reconocimiento de la ciudad, que es un continuo subir y bajar.

Fuimos hasta la plaza Arturo Frondizi, construida en su honor por haber nacido aquí. Allí cerca en la Piazza 40 Martiri se encuentra la iglesia de San Francisco, la fecha de inicio de la construcción es del año 1256, el bello campanario octogonal es del siglo XV. En su interior conserva hermosos frescos.

En la misma plaza están  “le Logge dei Tirarori”, originariamente en el año 1303, era un hospital. La industria de lana empezaba a tener importancia económica y en el siglo XV se pensó en construir este edificio donde se ponían a secar las telas de lana, pero recién en el siglo XVII se concretó.

Nos sugirieron que fuéramos a la Basílica de San Ubaldo y lo mejor era que tomáramos la funivia. Conozco muchas pero esta es muy particular hasta diría graciosa, consiste en una especie de jaulita donde se puede ir de a dos parados. A la ida subí con Eleonora y al regreso bajamos cada una en una, es muy divertido porque es como estar colgado en el aire. Desde arriba se tiene una espectacular vista de toda la ciudad.


La Basilica de San Ubaldo está en la cima del cerro Ingino, Sus orígenes son del año 1200, en el  año 1550 fue restaurada. En su interior se conservan los Ceri, estructura de madera muy altas y pesadas, que son llevadas por gran cantidad de hombres,  con las que se realiza una carrera todos los años el 15 de mayo. Es una de las más antiguas tradiciones folclóricas que reúne a miles de personas. La Basilica tiene un hermoso claustro en su frente.

Bajamos siendo casi las 14 y por suerte encontramos un bar muy lindo moderno y con una linda terraza en la zona baja en Via della Reppublica 4, con rica comida. Bar Jolly, comimos unas bruschuettas y tomamos una copa de Rosso Sangiovese y nos quedamos a hacer lo que los italianos aman, ver pasar el tiempo, en ese bellísimo entorno de palacios y castillos.


Juntamos ganas y fuimos a la parte antigua, bueno todo el casco viejo es todo antiguo. Vericuetos, escaleras, que suben y bajan, hasta llegar a la Piazza del Bargello, que tiene una historia muy graciosa, y que allí es donde le dan a los que vienen la patente de Matto (loco) para esos tienen que dar tres vueltas a la fuente con la presencia de un ciudadano de Gubbio. 

Desde allí seguimos por la Via dei Consoli que llega a la Piazza Grande, y que creen que hicimos, en el bar del hotel nos quedamos a tomar un aperitivo yo, Campari, Un atardecer hermoso el sol poniéndose sobre la plaza. Esa fue nuestra cena.

En la oficina de informes nos recomendaron visitar los pueblos de los alrededores, todos muy cercanos. Hasta aquí llevo manejado 3600 km. Paisajes magníficos, autopistas increíbles, calles de infarto, subidas y zig zag interminables, túneles larguísimos en fin en esta pequeña Italia hay de todo. Iremos pero el cuento será en otro relato.

El 26-11-22 paseamos de arriba abajo descubriendo cosas magníficas y curiosas. Desde hace menos de 10 años construyeron ascensores que llevan de la parte baja a la alta. Son gratis.

Tomamos el ascensor para ir al Duomo y al Palazzo Ducale, desde el jardín del mismo se ve el jardín de nuestro cuarto. Demás estar decir la bella  vista desde allá arriba.

El Duomo una construcción impresionante del año 1200, con frescos bellísimos y de una altura increíble.  Pero la lucha de poder hizo que el duque Federico de Montefeltro construyera sobre la plaza su bello palacio. Cosa que el Duomo pierde su grandeza.

Siguiendo el camino para bajar nos encontramos con un negocio de venta de cosas locales y mientras mirábamos un señor nos dijo que fuéramos a ver un tonel llamado “Botte dei Canonici”, es una rareza en la historia de la etnología, construida en el año 1480, mide de largo 4 metros, de diámetro 2,90 metros y los aros que lo ciñen no son de hierro sino de madera curva. Su capacidad es de 20.124 litros.

Bajamos hasta el nivel más bajo y buscamos donde almorzar nos dijeron que fuéramos al  “El Pichio Verde” muy lindo local, yo comí “tagliatelle al tartufo nero”  y Eleonora costillas de cordero con reducción de aceto balsámico, tomamos vino tinto Malbec di Montefalco,

Ahora a trabajar para para bajar lo que comimos, y para eso subimos hasta la plaza, así poder ir a cenar en nuestra última noche aquí. Ya saben no hay que perder las oportunidades del placer por la buena mesa.

La ciudad es realmente encantadora y si tienen buen ojo y son curiosos descubrirán rincones interesantes.
 En el museo nos encontramos con una chica encantadora que nos dio infinidad de explicaciones sobre la ciudad, su historia y tradiciones de las que son muy devotos.

Cenamos en el restaurante “Alla Balestra » en la Via Repubblica 41, bajando la gran escalera debajo del hotel.

Tagliatelle al ragu di anatra, y costillas de cordero al horno con papas, los dos platos estaban riquísimos, de postre tortina di ricota e pere. Vino Rosso di Montefalco, muy bueno.

Me encanto la nota en el menú sobre los vinos, firmada por la asociación de “Los Sacacorchos”. Mejor despedida de Gubbio imposible.

Se harban dado cuenta que me encanto esta ciudad por la cantidad de fotos que puse, aún tengo mas ya que fue difícil la elección.

Si pueden no dejen de conocerla.