AMALFI – Campania

Desde Ravello tome el bus para ir a Amalfi que queda a 7 km. Cada vez que tomo uno me digo que yo debo estar loca al manejar en estas rutas. Aquí también estuve unas cinco veces, no hospedándome.

Todas estas ciudades de la Costiera Amalfitana se ven espectacularmente bien desde el mar con un tour en lancha. La maravillosa geografía ayudada por la mano del hombre hace un conjunto delicioso que solo viéndolo se puede apreciar.

Amalfi fue una de las cuatro famosas republicas marineras junto con Venezia, Génova y Pisa, hasta el año 1131 en que fue sometida por el rey de Nápoles. Llego a tener más de 50.000 habitantes.

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Esta edificada a la entrada de una enorme garganta y sus viviendas se trepan por las laderas como empujándose para hacerse lugar.

Tiene una costanera de muy pocos metros, con bares y resurantes, la playa es de guijarros y muy corta, no se pueden imaginar como se llena en verano.

Amalfi a diferencia de Positano tiene un centro donde discurre la vida de los habitantes y de los turistas que es la Piazza del Duomo, con la fuente de Sant’Andrea en el centro, rodeada de negocios y bares y el arco medieval que comunica con la Piazza Ferrari o Dei Dogi.

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Uno de los lados de la plaza es el majestuoso Duomo di Sant’Andrea, construido en el año 1200 sobre un templo anterior del año 596 d C.
Tiene una hermosísima fachada mezcla de estilo morisco y gótico. Se accede al duomo por una enorme y bella escalinata de 62 escalones de piedra lisa.
El interior es románico del siglo X y algo de barroco del Siglo XVIII. Las puertas de bronce fueron traídas de Constantinopla en el Siglo XI, como obsequio del noble amalfitano Pantaleone Comité en el año 1060. Su interior es bellísimo, con columnas y altares de pórfido y granito rojo traídos de Egipto.

Amalfi Catedral

Tiene un precioso claustro morisco de fines del Siglo XIII. No sigo con las fechas porque son muchas y fáciles de olvidar y confundir.

Amalfi Atrio

Amalfi Ventana

Di una vuelta por los estrechos pasillos medievales que suben y bajan, con algunos patios donde hay una pizzería o restaurante con tres o cuatro mesitas. Volviendo a la calle principal que está llena de negocios que venden productos regionales y sobre todo el famoso peperoncino, y el otro famoso el limoncello, (cuya paternidad se  la disputa junto con Capri y Sorrento). Seguí cuesta arriba hasta la fábrica de papel edificada sobre un antiguo molino, que hoy es un museo.

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De regreso me senté a comer unos langostinos fritos, donde ya los había comido el año pasado, esta vez me trajeron un bol enorme lleno de papas al horno deliciosas.

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Se imponía un café, allá fui a la pasticceria Pansa y además del café shakerato (es un delicioso café batido frio) comí una sfogliatella, originaria de estas costas. Precisamente es del convento de Santa Rosa, en Conca Dei Mariani, de donde toma el nombre alrededor del año 1700, cuando todos los 30 de agosto fiesta de la Santa se hacían estos postres y se les obsequiaba a los pobres.
Me encantan todas las historias que guardan estos pequeños pueblos.

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El regreso en el bus fue de historieta cómica, hizo menos de doscientos metros y en la calle de regreso doble mano y re angosta, en pleno centro, en nuestra mano una moto estacionada y al lado un policía. Obviamente no pasábamos. Empezaron las bocinas y los gritos. Como a los 5 minutos llego el de la moto y le empezó a discutir al policía mientras le hacía la multa.

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¡Por fin arrancamos y hay nomas en la primera curva se encuentra de frente con un bus de excursión enorme!
Imposible pasar. Los choferes locales son expertos y rápidos, le hizo señas que se pusiera en la mano contraria mientras el retrocedía y así pudieron pasar ambos. Todo esto hablando por teléfono muerto de risa. Los pasajeros, muchos turistas lo aplaudieron. Y yo también. Estas cosas se ven solo en Italia.

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Miraba el tráfico y no podía creer que el día anterior yo había venido manejando desde Sorrento y no lo había abollado ni raspado.